UN BANCO PARA DESCANSAR
Hace apenas unas semanas, sentada en el despacho, Isabel me preguntaba si sería posible que yo le hiciese un favor. Tal vez ella creía que tendría alguna influencia para poder ayudarle…
Sin saber qué es lo que deseaba, con ese extraño impulso en mí, que me anima a entregarme en algo, sin ni siquiera saber de qué se trata, afirmé, claro que sí, ¿qué deseas?
UN BANCO, quiero un banco….
Inicialmente, creedme, pensé en otro tipo de “banco”... seguí escuchándola y pronto comprendí, que pedía algo más práctico y necesario para ella….. una sonrisa apareció en mi rostro.
Con una voz pausada me dijo: si existiese un banco a mitad del camino, Pepe, mi marido se animará a salir de casa, y poder acompañarme como hacía antes.
Pepe es médico, un andaluz, con una mirada especial que se está apagando por el transcurso de los años y al cual, le tengo un cariño especial…
¿Qué representa ese banco para ellos?… un alto en el camino, un minuto de descanso, una charla en confianza …
Ese banco es testigo de la vida cotidiana que sale de su ámbito doméstico para llevarlo al de la vida pública. Las confidencias del hogar se comparten en ese lugar provisto de la memoria de tantas personas que encuentran allí un sitio de confianza y que forman el lugar de encuentros casuales con gentes que van dejando de ser desconocidas para formar parte de nuestra gente.
¿Es apoyo todo lo que ofrece el banco? En torno a un banco al aire libre , vienen a congregarse jóvenes estudiantes, se come el bocadillo un albañil, la abuela reflexiona mientras su nieta está en clase de inglés… El banco invita a la lectura, a tomar el sol o refrescarse bajo una sombra, a observar, escuchar, oler…
¿Apreciamos la importancia de estos equipamientos? ¿Somos conscientes de que no solo sirven al apoyo sino también estimulan a la actividad? Hace unos días MC de 95 años, me decía que saber de la existencia de cierto banco a medio camino le animaba a visitar la casa de su amiga. ¿Tenemos en la cabeza el mapa de bancos de nuestro barrio, del entorno en el que nos movemos? ¿Sabríamos reconocer qué actividades tienen lugar precisamente porque esos asientos están ahí?
¿Sabríamos imaginar cuántas personas se quedarían en casa si no existiera la promesa de asiento en el espacio público?
Después de esta reflexión… Isabel, créeme que lo voy a intentar….pediré tu banco…tal vez no me escuchen, pero lo voy a intentar.
El banco, paradójicamente, no invita a parar, sino a salir a la calle. A vivir. A convivir.
Por Mercedes Torres Contreras. Publicado el 27 de junio de 2021
